Por esa misma pista en la que anduvo el gigantesco Globemaster incautado y revisado con sus propias manos por Héctor Timerman, fueron y vinieron casi mil kilogramos de drogas traficadas después a España desde el aeródromo de Morón, sin que a nadie se le moviera un pelo. Los acuerdos para la devolución de computadoras, remedios, latas de comida y hasta enseres personales de los marines que venían en misión de paz están siendo trabajados, por estas horas, en absoluta reserva, por el embajador en Washington, Alfredo Chiaradía, con autoridades del Departamento de Estado.
Por Eugenio Paillet
Fuente: La Nueva Provincia
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