domingo, 2 de julio de 2017

Arturo Mor Roig, el homenaje que falta

EL HOMENAJE QUE FALTA
A pesar de que cualquier crimen es repudiable, el cometido contra la persona del Dr. Arturo Mor Roig el 15 de julio de 1974, no admite ningún atenuante ni justificativo. Y pese a la estatura moral y política del asesinado, son escasos y silenciosos los homenajes que se le rinden. 
¿O acaso nunca se produjo este crimen?
Arturo Mor Roig nació en Lérida (Cataluña, España), el 14 de diciembre de 1914, y había arribado a la Argentina de muy pequeño junto con sus padres. Su familia se radicó en principio en la ciudad de Buenos Aires, trasladándose posteriormente a San Pedro en la Provincia de Buenos Aires; donde vivió durante su infancia y su juventud.
En la Universidad de Buenos Aires se graduó como procurador, iniciando su carrera profesional en la ciudad de Arrecifes, donde constituyó su hogar, radicándose posteriormente y en forma definitiva en San Nicolás de los Arroyos. Allí se casó.
En 1939 se afilió a la Unión Cívica Radical, desarrollando una intensa actividad militante junto al legendario dirigente juvenil Moisés Lebensohn. Ya adulto, se doctoró en Ciencias Políticas en la Universidad Católica Argentina. Inició su carrera política como concejal en San Nicolás. Luego de la reforma constitucional que permitió la reelección presidencial del General Juan Domingo Perón (1952/55), Arturo Mor Roig ingresó a la Cámara de Senadores de la Provincia de Buenos Aires, en representación de la segunda sección electoral.
Al producirse la Revolución Libertadora que derrocó al gobierno de Perón, los partidos políticos se reorganizaron y estallaron diferencias internas. 
La UCR no fue ajena a dicho proceso, produciéndose la ruptura en 1956. 
Los partidarios de Frondizi fundaron la Unión Cívica Radical Intransigente, mientras que el resto se nucleó en la Unión Cívica Radical del Pueblo, bajo la presidencia de Crisólogo Larralde. 
En esa encrucijada, Mor Roig tomó partido por la Unión Cívica Radical del Pueblo.
Posteriormente, la llamada Revolución Libertadora convocó a elecciones generales para el 23 de febrero de 1958 a las que el radicalismo concurrió dividido. 
Por la UCR Intransigente se presentó la fórmula Arturo Frondizi-Alejandro Gómez y por la UCR del Pueblo la fórmula Ricardo Balbín-Santiago del Castillo.
La UCRI obtuvo el vuelco de los votos peronistas por orden de líder exiliado, siendo de este modo consagrado presidente Arturo Frondizi. 
Mor Roig regresó a la Cámara de Senadores de de Buenos Aires, presidiendo el minoritario bloque de la UCRP por todo el período (1958/1962).
En 1962, se produjo el derrocamiento del gobierno de Frondizi, la clausura del Congreso y la intervención de todas las provincias, tras la fachada de legalidad que brindaba la presidencia ejercida por José María Guido bajo la tutela de las Fuerzas Armadas.
La Unión Cívica Radical del Pueblo se convirtió desde entonces en la motorizadora de un encuentro político y social que permitiera una coincidencia nacional en la formulación de programas mínimos, comenzando por el retorno a la legalidad constitucional y excluyendo la proscripción de ningún sector político.
Ricardo Balbín y Arturo Mor Roig fueron quienes llevaron adelante la febril ronda de conversaciones con todos los partidos y sectores políticos del país. 
Así nació la "Asamblea de la Civilidad", materializada en el acto del 12 de marzo de 1963.
Producido el restablecimiento de las instituciones democráticas, la fórmula de la UCRP Arturo Illia-Carlos Perette resultó la más votada (25,15%) y reunidos los colegios electorales en todo el país, los candidatos radicales fueron consagrados presidente y vicepresidente de la Nación por la mayoría absoluta de los mismos.
La decisión de Mor Roig de aceptar el ofrecimiento de conducir el proceso de transición a la democracia desde su gestión como ministro del Interior de un gobierno de facto, es sin duda el aspecto más controvertido de su vida pública y su actuación política.

Arturo Mor Roig había resultado electo diputado nacional por la Provincia de Buenos Aires y fue consagrado presidente de la Cámara, ejerciendo el cargo hasta el golpe militar de 1966. 

El enrarecimiento del clima político hacia 1965, impidió la sanción de la Ley de Presupuesto y fue creando el ambiente para el golpe de Estado, tramado por militares, sindicalistas y empresarios, con el aval de las empresas multinacionales.
Finalmente, el golpe anunciado se produjo bajo la denominación de Revolución Argentina. 
Entonces, hubo que avocarse a la recuperación de las instituciones democráticas y por el reencuentro definitivo de los argentinos. Ricardo Balbín y Arturo Mor Roig, serían los principales responsables por la UCRP de llevar adelante esta estrategia, para la cual contaban con la experiencia anterior de la Asamblea de la Civilidad.
Así surgió La Hora del Pueblo, agrupación que nucleó a los más representativos partidos políticos argentinos, continuando la línea dialoguista de 1962 en la "Asamblea de la Civilidad". 
En el proceso de diálogo político iniciado, les cupo tanto a Balbín como a Mor Roig el rol de principales propulsores, lo que les valió la oposición férrea de sectores internos del radicalismo que descreían de las bondades de un intento de acercamiento con Perón.
En ese marco se inscribió la decisión de la Junta de Comandantes de designar presidente al Gral. Alejandro Lanusse, con retención de la Comandancia del Ejército. Pero al mismo tiempo, los militares decidieron ofrecer el Ministerio del Interior al Mor Roig el 24 de marzo de 1971, noticia que produjo un fortísimo impacto en el seno del radicalismo, de cuya mesa directiva formaba parte.
La decisión de Mor Roig de aceptar el ofrecimiento de conducir el proceso de transición a la democracia desde su gestión como Ministro del Interior de un gobierno de facto, es sin duda el aspecto más controvertido de toda su vida pública y su actuación política. Condicionó su aceptación a que los partidos integrantes de La Hora del Pueblo prestasen su conformidad.
El principal escollo para la aceptación de Mor Roig lo constituyó precisamente su propio partido, y la conducción encabezada por su amigo de siempre, Ricardo Balbín. 
Existieron gestiones oficiosas para lograr torcer la opinión contraria del caudillo radical a la designación de Mor Roig. 
Balbín, que lo conocía en profundidad y sabía de sus condiciones morales, dijo sobre Mor Roig: "¿Sabe lo que pasa con el Catalán? Él ha pensado que podía dar la solución. Ha ido de buena fe".
A cinco días de asumir su cargo como Ministro de Interior, anunció oficialmente la rehabilitación de la actividad política y comenzó una serie de reuniones con los máximos representantes políticos. 
El proceso desembocaría en las elecciones del 11 de marzo de 1973 con el triunfo de la fórmula Cámpora-Solano Lima.

SU MUERTE

Minutos antes de las 14 del 15 de julio de 1974, Arturo Mor Roig, como solía hacerlo, tomó ubicación, junto a otras tres personas, en el restaurante Rincón de Italia de la calle Paraguay 3701, ubicado a unas 10 cuadras de la estación de San Justo. 
Alrededor de las 14.30 dos jóvenes correctamente vestidos, que ocupaban una de las mesas cercanas a la de Mor Roig, se pusieron de pie y decididamente avanzaron hacia él. Al llegar a su lado extrajeron pistolas de entre sus ropas y comenzaron a dispararle. Segundos después, otros dos hombres que se encontraban en la puerta del local ingresaron empuñando escopetas de caño recortado y abrieron salvajemente fuego sobre la víctima, que ya se había desplomado mortalmente al suelo.
En 1974 hubo 117 secuestros y 110 personas asesinadas. En pleno funcionamiento de las instituciones democráticas, ejercía la presidencia de la Nación el general Perón

En medio del desconcierto y el pánico de la gente, que comenzó a correr desesperadamente, los asesinos, respondiendo a un plan bien estudiado y fríamente ejecutado, salieron por una de las puertas de servicio, ingresaron a un Fiat 128 rojo que los aguardaba y huyeron a toda velocidad. 

La autopsia realizada horas después en el Instituto de Cirugía de Haedo informó que el cadáver de Mor Roig tenía 32 orificios de bala.
El asesinato provocó una honda conmoción en los círculos políticos y fue condenado por los diferentes partidos mayoritarios. El Poder Ejecutivo decretó duelo nacional y sus restos fueron velados en el Salón de los Pasos Perdidos del Congreso e inhumados en San Nicolás.

SUS ASESINOSHoras después del asesinato y luego de un tiroteo en Haedo, la policía dio muerte a un probable implicado en el crimen y detuvo a otros dos. El individuo muerto era Guillermo Rubén Pérez, con un frondoso prontuario en actividades terroristas y con varios pedidos de captura. Era militante del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP) y estaba considerado como el número tres de la organización detrás de Roberto Santucho y Enrique Gorriarán Merlo. Además, estaba implicado en el secuestro y asesinato del director de Fiat, Oberdan Sallustro, en 1972. 
Días después, sin embargo, la agrupación Montoneros se atribuyó -extraoficialmente- el hecho mediante algunas pintadas y cánticos.
Pero es innegable que Montoneros, el ERP y tantas otras agrupaciones terroristas, estaban imbuidas de la paranoia de la subversión, con total desprecio de las instituciones democráticas, como también de la vida y la libertad de las personas. 
Basta señalar que en 1974 hubo 117 secuestros y 110 personas asesinadas. Y durante ese año, en pleno funcionamiento de las instituciones democráticas, ejercían la Presidencia de la Nación el General Juan Domingo Perón, y luego de su muerte, su esposa y sucesora, María Estela Martínez. 
Fue en ese clima de intolerancia que se produjo la muerte de Mor Roig.
A 43 años de su asesinato, cabe preguntarse: ¿Por qué el radicalismo silencia este crimen? ¿Por cobardía o por complicidad?

Orlando Agustín Gauna

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