domingo, 4 de septiembre de 2016

¡¡¡SI, HUBO GUERRA!!!

La guerra es la ausencia de paz, entendiendo por ésta, no solo la ausencia de acciones bélicas, también se incluye una actitud de no confrontar violentamente. Esto nos muestra que paz no es solo falta de violencia, también es una actitud espiritual, que parte de una concepción espiritual, ideológica y filosófica. 

En la historia mundial, hay dos teorías de la guerra que generan dos líneas diferentes de cómo, por qué y para qué se hace la guerra. Una fue la teoría que sostiene Carl Von Clausewitz y el otro fue Sun Tzu. El primero, Clausewitz (militar y filósofo alemán. 1780-1831) desarrolló sus teorías en la época del nacimiento de los Estados Naciones. Se basaba en aniquilar y doblegar la voluntad del otro. También concebía la guerra como una acción de la nación entera, que luchaba con sus ejércitos nacionales. Era el concepto de “Nación en armas”. Durante los siglos XIX y XX, fue una línea que sostuvieron casi todas las estrategias occidentales. La guerra era concebida como la continuación de la política por otros medios. Esto lo sostenía Clausewitz en su libro “De la guerra”; y algo de razón tenía, ya que la guerra se empieza desde la política y se termina también con ella. 

El otro, Sun Tzu (fue un general, estratega militar y filósofo de la antigua China nacido a fines del período Primaveras y Otoños de China (722-481 a. C.), desarrolla otra forma de abordar la guerra. Lo hace desde el débil (militarmente), frente al fuerte. Como ejemplo más reciente, podemos asimilar la confrontación del proletariado con el burgués, en la guerra revolucionaria marxista. El débil nunca busca una decisión en el combate porque sabe que va a ser derrotado. 
Los grupos que abordan esta teoría, como lo son los grupos armados revolucionarios, buscan por medio del terrorismo (acción armada violenta, que intenta afectar psicológicamente a una población o grupo estatal desprevenido), causar una perturbación que desestabilice y corroa los cimientos de una organización política y social, para sustituirla por otra. 
Esta estrategia, es sin plazos, no sin tiempo. En esta aproximación indirecta, los tiempos son más prolongados y versátiles. 
Desde fines del Siglo XX, la guerra tradicional que vimos y sufrimos en la I y II GM, ha sido reemplazada, y en la actualidad convivimos con formas mixtas y confusas, donde el Estado – Nación se diluye o cambia sus funciones tradicionales y coexisten Ejércitos Nacionales y terrorismo (individual, sin rostro, que tiene como objetivo la destrucción del Estado). 
Lo vemos, como en su accionar multiforme, busca la descomposición, y como se prolifera y se naturaliza la impunidad y la corrupción. Vemos como se desnaturaliza la justicia, promoviendo todo lo contrario a uno de sus principios básicos, como lo es la igualdad ante la Ley. 
Vemos también la inequidad en sus procederes, ajustándose a una teoría de la justicia, conocida como el “USO ALTERNATIVO DEL DERECHO”. Para llegar finalmente a lo que se conoce como “Estado fallido”, para ser reemplazado por un nuevo modelo socio – político. Enmarcados en la visión de la guerra desde la óptica que impulsaba Sun Tzu, son muchos los ideólogos de la guerra revolucionaria, que sustituyen la máxima de Clausewitz: “La guerra es la continuidad de la política por otros medios”; por la máxima que ellos difunden: “La guerra está dentro de la política”. 


Bien, ahora, luego de repasar estos conceptos teóricos sobre la guerra, podemos decir que la guerra se desarrolla en distintas formas y que continúa con otras características. Por más que no se vean acciones bélicas, en el espíritu de muchos se da con una motivación que se aproxima mas a la venganza, que a la búsqueda de la paz. 

Con respecto a lo vivido en las décadas 60/70 en nuestro país, hay muchos que se desgarran las vestiduras ante los medios, con el empleo del término “guerra sucia”; peros en este término, la adjetivación de “sucia”, pasa a ser el centro de la discusión. La guerra puede ser adjetivada como: sucia, limpia, justa, injusta, etc.; pero en definitiva el adjetivo depende de lo que desea remarcar cada sector que confronta. La única verdad es la “guerra”, donde se gana o se pierde; donde se mata o se muere. El adjetivo no cambia la naturaleza de la misma. 
¿Pueden decir sin hipocresía, qué en esa época no hubo guerra? ¿O lo hacen para continuar con una estrategia de confrontación, buscando una venganza? En esa época hubo organizaciones armadas, con estructuras militares, armas, jerarquías, reglamentos de tácticas y estrategias de empleo militar. 
Como ejemplo tenemos el ERP - Ejército Revolucionario del Pueblo, FAR – Fuerzas Armadas Revolucionarias, Ejército Montonero, etc. 
Hubo acciones militares, desde tomas de poblaciones, como Garín, La Calera, etc. 
Asesinatos de dirigentes, militares o policías; como Rucci, Mor Roig, Sanchez, Villar, etc. 
Atentados con explosivos, como el realizado en el Comedor de la Policía Federal, la masacre de calle Junin en Rosario, en el Salón de Actos del Ministerio de Planificación, etc. 
Ataques a cuarteles militares: Catamarca, Villa María, Azul, Monte Chingolo, San Lorenzo, Formosa, etc. 
También desde el Estado, en su deber de monopolizar la fuerza en el país, se dictaron Decretos, durante un gobierno legal y democrático, que, para contrarrestar las acciones bélicas de las organizaciones armadas revolucionarias, pedían el “aniquilamiento
” y empleaban para esto, a las FFAA y FFSS. 
Con esto se abortó el proyecto revolucionario que apoyado desde Cuba, intentó crear en Tucumán, una zona liberada, en manos de estos grupos marxistas. En este proyecto de liberación revolucionaria de parte del territorio argentino, también intervino activamente la J.C.R. – Junta Coordinadora Revolucionaria, verdadera multinacional de bandas terroristas del Cono Sur. Fue creada en 1972 en el Chile de Salvador Allende, con la dirección de funcionarios de la inteligencia cubana. 
Cabe destacar que ante esta estructura multinacional, en 1975, aparece en los gobiernos, tanto de facto, como democráticos, la tan mentada “OPERACIÓN CÓNDOR”, con el fin de coordinar acciones contra la J.C.R. 

Ahora vemos la impunidad que el Estado, con el gobierno anterior y el actual, da a los integrantes de las organizaciones armadas revolucionarias que actuaron en los `70; la persistencia para ellos del indulto otorgado por Menem; y la difusión con fines de internalizar en la sociedad, el concepto de héroes a los cuales les debemos la democracia; o el mote de “juventud maravillosa”. 

Lo que se contrasta con la persecución judicial en un verdadero plan sistemático de venganza, que deja en evidencia una desigualdad ante la Ley y una actitud que muestra la intención de alejarnos de la paz, continuando la guerra con una simulación de legalidad que no es tal. Una continuación de la guerra con métodos diferentes. 
Ante esto, hay personajes mediáticos, que sostienen que no hubo guerra, a pesar de que hasta el Tribunal que juzgó a los Comandantes de las tres armas, reconoce que hubo una guerra. 
Con esas posturas de negar la realidad y de utilizar el Derecho como una herramienta de un plan sistemático de venganza, es muy difícil que encontremos la tan ansiada paz y la unidad de los argentinos, como proclama el actual gobierno entre sus objetivos primordiales. 

       Juan Sin Libertad