_por Mariano Depaula_
En la doctrina moderna de Inteligencia y Guerra de Información, el manejo estratégico de los medios de comunicación no constituye un mero complemento publicitario, sino un vector crítico de la acción táctica de campo.
Las denominadas operaciones de influencia y distracción tienen como objetivo principal saturar los canales informativos de la contraparte —agencias de seguridad, justicia, opinión pública y servicios rivales— con datos deliberadamente distorsionados, manipulados en su cronología o dotados de una falsa confirmación.
El caso de la huida del senador y ex candidato presidencial brasileño Flávio Bolsonaro desde la provincia de Misiones hacia los Estados Unidos, registrado ayer por la noche, constituye un caso tipico. Este episodio combinó maniobras de elusión fronteriza en tiempo real, presunta facilitación estatal y una operación de desinformación masiva en los medios de comunicación de la República Argentina y la región.
Para comprender el impacto real de la maniobra de información, es imprescindible contrastar la secuencia física de los acontecimientos con la narrativa construida para la opinión pública.
En el terreno operativo, la secuencia comenzó con el arribo al aeropuerto de Puerto Iguazú de un contingente logístico vinculado al Poder Ejecutivo argentino, incluyendo la presencia no anunciada del asesor presidencial Santiago Caputo.
Poco después, el senador Flávio Bolsonaro, sobre quien pesaba una prohibición de salida de Brasil e incautación de pasaporte dictada por el Supremo Tribunal Federal, evadió los controles formales de la Polícia Federal brasilera en la frontera e ingresó a territorio argentino por Misiones.
Entre la última hora de esa noche y los primeros minutos de la madrugada siguiente, Bolsonaro y su comitiva abordaron en Puerto Iguazú un avión Gulfstream G400 operado por la empresa Baires Fly. La aeronave despegó con destino a Guayaquil para realizar una escala técnica y continuó posteriormente hacia Miami, donde aterrizó a la mañana siguiente.
Mientras esta compleja operación logística transcurría entre la frontera misionera y la pista de despegue del Aeropuerto Internacional de Puerto Iguazu, en las pantallas de televisión y en las redacciones de portales de noticias argentinos de diversos perfiles editoriales, como Clarín, La Nación, Infobae, C5N y TN, la información atravesó distintas fases de distorsión.
Horas antes de que el avión despegara de suelo argentino, periodistas de primera línea dieron por consumado que el dirigente brasileño ya había aterrizado en suelo estadounidense. En paralelo, se difundieron versiones contradictorias que aseguraban que la nave había sido retenida por la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), mientras otros comunicadores sostenían que la fuga se había concretado horas atrás directamente desde Brasilia o Río de Janeiro.
Finalmente, mientras la aeronave iniciaba su carrera de despegue, figuras clave del armado mediático y digital gubernamental publicaban en redes sociales imágenes crípticas y descalificaciones directas a la prensa, provocando un colapso en la capacidad de verificación de los periodistas que cubrían la noticia en vivo.
El aspecto más revelador de este episodio desde la perspectiva del análisis de inteligencia fue cómo comunicadores de perfiles ideológicos opuestos, como Eduardo Feinmann en el espectro de centro-derecha y Pablo Duggan en el canal C5N y en el extremos opuesto del espectro, coincidieron en validar la misma información errónea y a destiempo, citando en ambos casos fuentes de alta confiabilidad.
Esta coincidencia no fue casual, sino que respondió, con total probabilidad, al mecanismo conocido como "siembra de fuego cruzado".
Bajo este esquema, a la prensa afín se le suministra el dato de que el objetivo ya se encuentra a salvo y fuera del alcance de la justicia "enemiga", lo que el periodista difunde con tono de primicia o triunfo político. Simultáneamente, a la prensa crítica se le filtra la misma versión para que denuncie la impunidad del escape.
Al encenderse ambos extremos del espectro informativo, la versión falsa adquiere estatus de hecho casi indiscutible. La audiencia deduce de inmediato que, si dos rivales irreconciliables dicen lo mismo, la noticia está plenamente chequeada, lo que elimina cualquier exigencia de verificación documental formal.
A su vez, esta distorsión se vio amplificada por la dinámica de la cámara de eco entre las redacciones y por la propia vulnerabilidad de "la fuente propia".
En el periodismo en tiempo real, el temor a quedar al margen de una noticia de alto impacto empuja a las mesas de producción a buscar confirmación inmediata. Cuando un periodista lanza un dato al aire amparado en contactos propios, los medios rivales consultan a sus propios enlaces, quienes a su vez responden basándose en lo que acaban de ver en televisión o en redes sociales, cerrando un bucle de falsa confirmación donde los medios no verifican los hechos en la realidad, sino que se verifican entre sí.
Asimismo, la "fuente propia" suele ser el eslabón más manipulable de la cadena: un funcionario o agente de seguridad no siempre miente por malicia, sino porque está replicando una directiva o un rumor sembrado internamente para inducir la filtración, o simplemente porque confunde las fases operativas de un vuelo. En otros casos, cierta prensa acepta publicar versiones no chequeadas a cambio de mantener accesos privilegiados a usinas informativas oficiales.
Este caso deja al descubierto la profunda indefensión profesional de los medios masivos de comunicacion ante maniobras de desinformación planificadas por equipos de comunicación estratégica e inteligencia estatal.
La prisa por la primicia y la dependencia ciega de fuentes anónimas convierten a las redacciones en instrumentos involuntarios de las logísticas de ocultamiento.
Este patrón encuentra claros antecedentes internacionales, como la operación montada por los servicios de seguridad ucranianos en 2018 al fingir el asesinato del periodista Arkadi Babchenko para desbaratar un complot, destruyendo temporalmente la credibilidad periodística global, o la fuga del empresario Carlos Ghosn desde Japón a Líbano en 2019, donde la siembra de pistas falsas en aeropuertos europeos permitió que el vuelo real aterrizara en Beirut sin interferencias. De manera análoga, la dispersión de datos contradictorios sobre el paradero de Flávio Bolsonaro creó una cortina de humo que permitió que la aeronave despegara pacíficamente desde Misiones sin que la opinión pública ni las autoridades judiciales reaccionaran en tiempo real.
Más allá del análisis sobre el rol del periodismo, el desenlace político de este acontecimiento ha introducido a la República Argentina en un escenario de extrema gravedad diplomática e institucional.
El argumento formal del gobierno argentino se apoya de manera estricta en la falta de notificación judicial, argumentando que la Dirección Nacional de Migraciones no registraba ninguna orden de captura ni alerta roja de Interpol al momento del despegue.
Sin embargo, desde la perspectiva de las relaciones internacionales, este argumento resulta cuando menos, sumamente frágil. La prohibición de salida de Brasil y la orden de incautación de pasaporte eran de público conocimiento internacional, la presencia física del asesor presidencial Santiago Caputo en Puerto Iguazú junto con la escolta de la fuerza de seguridad aeroportuaria (PSA) configuraron una facilitación logística evidente, y el posterior manejo sarcástico del oficialismo en redes sociales confirmó la intencionalidad de la medida.
*Este episodio representa el punto de mayor tensión en la relación bilateral entre Argentina y Brasil en más de siete décadas.*
Desde la consolidación de la integración regional a mediados de los años ochenta, ningún gobierno argentino había sido señalado por dar cobijo y facilitar la evacuación de un alto dirigente político perseguido por la máxima instancia judicial del Estado brasileño.
Al priorizar la afinidad ideológica con el movimiento bolsonarista y las alianzas políticas internacionales sobre los tratados de cooperación judicial y diplomática con Brasilia en el marco de la relacion bilateral y el Mercosur, la administración argentina ha vulnerado la confianza mutua fundamental de la región.
La asistencia en la salida de un procesado requerido por la justicia del principal socio comercial regional, traslada el conflicto fuera del terreno mediático y coloca la agenda bilateral con Brasil en una crisis diplomática de proporciones históricas.
Mas alla de formalismos, el accionar del Gobierno argentino encabezado por Javier Milei es una intromisión inaceptable en los asuntos internos de Brasil, un pais socio y aliado estrategico de la Argentina.
Mientras EEUU es el principal socio global del Reino Unido y exige de forma abierta y a traves de conferencias de prensa en Buenos Aires, de funcionarios de su Departamento de Estado, la "morigeracion" de las multas a empresas que extraen ilegitimamente petroleo en nuestras islas y aguas uzurpadas en el Atlantico Sur; y mientras la principal empresa extractiva de petroleo off shore (NAVITAS) en nuestro mar usurpado es israeli (fondeada economicamente con los fondos de pension de los ciudadanos israelies) y el Estado de Israel jamas en 44 años (desde 1982) a la fecha a apoyado ni ha votado en favor del reclamo de soberania argentino en ningun foro internacional; el actual gobierno del Presidente Milei ha optado por el encuadramiento ciego y unilateral con los EEUU e Israel por sobre la relacion historica con nuestra nacion hermana de Brasil, aliado estrategico comercial y fundamentalmente, aliado estrategico arentino en su reclamacion por la soberania en Malvinas, ininterrumpidamente desde 1982 a la fecha.
Este nuevo papelon y escandalo internacional, es una muestra clara de que el actual Gobierno argentino, lejos de defender los intereses de nuestra Nacion, procura y defiende agendas globales y extranjeras incluso aun cuando esas mismas "agendas" son las que estan saqueando todos y cada uno de los recursos del Pueblo Argentino y de nuestra Nacion.
Por Dios y por la Patria
*_Mariano Depaula_*
*CEIBO Argentina*
No hay comentarios:
Publicar un comentario