La reunión tuvo lugar hace unos meses en el despacho del ministro del Interior y Transporte.
Luego de haber brindado explicaciones sobre los planes de renovación de la línea Sarmiento, el contador Florencio Randazzo percibió que sus interlocutores no habían quedado satisfechos.
“¿Qué es lo que quieren ustedes?”, les preguntó desafiante.
Edgardo Reynoso, delegado sindical, no dudó en responder:
“Que los vagones frenen y que sus puertas cierren cuando la formación se pone en movimiento. Sólo eso”.
El diálogo, con el valor de una premonición, ilustra el nivel de precariedad con el que se presta el servicio del Sarmiento para los miles de personas que deben utilizarlo y que ponen en riesgo sus vidas cada día.
Por Nelson Castro
Fuente: La Nación
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